Aquí tienen una pista de audio en una lengua incógnita. ¿Alguien sabe o puede adivinar cuál es?
viernes, 3 de septiembre de 2010
sábado, 28 de agosto de 2010
Acrónimos recursivos y retroacrónimos
En la entrada anterior sobre el síndrome SAR, José Gerardo mencionó el caso de los acrónimos recursivos, que son los acrónimos que se refieren a sí mismos en la primera letra de la expresión. (Si bien todo el mundo los conoce así, en realidad deberían llamarse recurrentes, ya que recursivo no es una palabra aceptada en español). El ejemplo más conocido es el que citó José Gerardo: GNU, que significa GNU’s Not Unix (GNU no es UNIX). De hecho, la mayoría de los ejemplos provienen del ámbito de la informática y aquí pueden ver una lista.
Pero en el mundo de la acronimia también existe otro fenómeno muy curioso: el de los retroacrónimos. Un retroacrónimo (del inglés backronym -backward acronym-) es un acrónimo cuyo significado se inventa después de la creación del acrónimo. La diferencia entre los retroacrónimos y los acrónimos tradicionales es que estos últimos son términos derivados de las iniciales de varias palabras (por ejemplo, láser proviene de “light amplificated by stimulated emission of radiation”). En cambio, los retroacrónimos se construyen tomando una palabra –ya sea de uso común u otro acrónimo- y creando una nueva frase con las letras de la palabra como si fueran las iniciales de las palabras de dicha frase. Por ejemplo, la prueba de Apgar, que se hace para evaluar el cuadro de vitalidad de los bebés recién nacidos, lleva originalmente el nombre de su creadora Virginia Apgar. Sin embargo, diez años después de su publicación, se acuñó el retroacrónimo APGAR: Apariencia, Pulso, Gesticulación, Actividad y Respiración.
De hecho, muchas veces los retroacrónimos se usan con fines mnemotécnicos o educativos. Alcohólicos Anónimos y otros programas de recuperación usan retroacrónimos como herramientas de aprendizaje, similares a los lemas como “sólo por hoy”, pero a menudo con un matiz irónico. Por ejemplo, en inglés la palabra sober (sobrio) podría corresponder a “Son Of a Bitch, Everything is Real” (Hijo de puta, todo es real) y slip (resbalón) a “Sobriety Loses Its Priority” (la sobriedad pierde su prioridad). (Aquí pueden ver una lista más amplia de acrónimos en inglés relacionados con los doce pasos de recuperación de AA).
Algunas veces los retroacrónimos corresponden a una etimología popular o mito lingüístico. Por ejemplo, mucha gente cree erróneamente que la palabra SOS, que se usa como señal internacional de petición de auxilio, proviene de alguna de las siguientes frases: Save Our Ship (Salven nuestro barco), Save Our Souls (Salven nuestras almas), Stop Other Signals (Detengan otras señales) o Sure of Sinking (Seguros de hundirse). Sin embargo, SOS se eligió en 1908 como señal universal de petición de ayuda porque la combinación de tres puntos seguidos de tres rayas seguidas de tres puntos ( . . . - - - . . . ) en clave morse era fácil de enviar y fácil de reconocer. Las tres letras por sí solas carecen de significado alguno. Antes de 1908, la señal de ayuda en alta mar consistía en las letras CQD, que muchos interpretaron como Come Quickly, Danger (Vengan rápido, peligro). Al igual que SOS, el término antiguo carece de significado. Se trata de una combinación de las letras CQ –la llamada estándar de radio que significa “llamando a todas las estaciones” o “¿hay alguien ahí?”- y la letra D que se agregó para crear una llamada de socorro (distress). Así los operadores entendían CQD como “All stations: distress” (Todas las estaciones: socorro).
Otros ejemplos incluyen el nombre de la marca Adidas, llamada así por su fundador Adolf (Adi) Dassler, aunque erróneamente se cree que es un acrónimo de “All Day I Dream About Sports” (Todo el día sueño con el deporte), así como wiki que significa “rápido” en hawaiano, pero que algunos definen como acrónimo de "What I Know Is” (Lo que sé es).
Pero la mayoría de las veces los retroacrónimos no tienen más que una finalidad lúdica y jocosa. Por ejemplo, la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles, RENFE, puede interpretarse como “Rogamos Empujen Nuestros Ferrocarriles Estropeados”. Lo mismo se hizo en Argentina con la empresa TBA (Trenes de Buenos Aires), cuyas siglas suelen interpretarse como “Todos Bien Apretados”.
Aquí les va una lista de retroacrónimos jocosos que encontré por ahí:
ADIDAS (la citada marca de ropa deportiva) → Asociación De Idiotas Dispuestos a Sudar
ADSL (Asymmetric Digital Subscriber Line) → Acceso Denegado, Siga Lamentándose
APPLE (la marca de computadoras) → Aprendemos Para Poder Leer Enigmas
CIA (Central Intelligence Agency) → Cuidado, Individuos Astutos
CNT (Confederación Nacional del Trabajo) → Casi Nunca Trabajamos
HUMMER (la marca de automóviles) → Hacemos Úlcera Mientras Maestra Elba Roba *
IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) → Importa Madre Su Salud
ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado) → Inútil Solicitar Servicios, Sólo Tramitamos Entierros
IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido) → Ingresar a la Voraz Administración
SEAT (Sociedad Española de Automóviles de Turismo) → Sólo España Admite Trastos
Y ustedes, ¿conocen otros retroacrónimos jocosos que quieran compartir?
Pero en el mundo de la acronimia también existe otro fenómeno muy curioso: el de los retroacrónimos. Un retroacrónimo (del inglés backronym -backward acronym-) es un acrónimo cuyo significado se inventa después de la creación del acrónimo. La diferencia entre los retroacrónimos y los acrónimos tradicionales es que estos últimos son términos derivados de las iniciales de varias palabras (por ejemplo, láser proviene de “light amplificated by stimulated emission of radiation”). En cambio, los retroacrónimos se construyen tomando una palabra –ya sea de uso común u otro acrónimo- y creando una nueva frase con las letras de la palabra como si fueran las iniciales de las palabras de dicha frase. Por ejemplo, la prueba de Apgar, que se hace para evaluar el cuadro de vitalidad de los bebés recién nacidos, lleva originalmente el nombre de su creadora Virginia Apgar. Sin embargo, diez años después de su publicación, se acuñó el retroacrónimo APGAR: Apariencia, Pulso, Gesticulación, Actividad y Respiración.
De hecho, muchas veces los retroacrónimos se usan con fines mnemotécnicos o educativos. Alcohólicos Anónimos y otros programas de recuperación usan retroacrónimos como herramientas de aprendizaje, similares a los lemas como “sólo por hoy”, pero a menudo con un matiz irónico. Por ejemplo, en inglés la palabra sober (sobrio) podría corresponder a “Son Of a Bitch, Everything is Real” (Hijo de puta, todo es real) y slip (resbalón) a “Sobriety Loses Its Priority” (la sobriedad pierde su prioridad). (Aquí pueden ver una lista más amplia de acrónimos en inglés relacionados con los doce pasos de recuperación de AA).
Algunas veces los retroacrónimos corresponden a una etimología popular o mito lingüístico. Por ejemplo, mucha gente cree erróneamente que la palabra SOS, que se usa como señal internacional de petición de auxilio, proviene de alguna de las siguientes frases: Save Our Ship (Salven nuestro barco), Save Our Souls (Salven nuestras almas), Stop Other Signals (Detengan otras señales) o Sure of Sinking (Seguros de hundirse). Sin embargo, SOS se eligió en 1908 como señal universal de petición de ayuda porque la combinación de tres puntos seguidos de tres rayas seguidas de tres puntos ( . . . - - - . . . ) en clave morse era fácil de enviar y fácil de reconocer. Las tres letras por sí solas carecen de significado alguno. Antes de 1908, la señal de ayuda en alta mar consistía en las letras CQD, que muchos interpretaron como Come Quickly, Danger (Vengan rápido, peligro). Al igual que SOS, el término antiguo carece de significado. Se trata de una combinación de las letras CQ –la llamada estándar de radio que significa “llamando a todas las estaciones” o “¿hay alguien ahí?”- y la letra D que se agregó para crear una llamada de socorro (distress). Así los operadores entendían CQD como “All stations: distress” (Todas las estaciones: socorro).
Otros ejemplos incluyen el nombre de la marca Adidas, llamada así por su fundador Adolf (Adi) Dassler, aunque erróneamente se cree que es un acrónimo de “All Day I Dream About Sports” (Todo el día sueño con el deporte), así como wiki que significa “rápido” en hawaiano, pero que algunos definen como acrónimo de "What I Know Is” (Lo que sé es).
Pero la mayoría de las veces los retroacrónimos no tienen más que una finalidad lúdica y jocosa. Por ejemplo, la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles, RENFE, puede interpretarse como “Rogamos Empujen Nuestros Ferrocarriles Estropeados”. Lo mismo se hizo en Argentina con la empresa TBA (Trenes de Buenos Aires), cuyas siglas suelen interpretarse como “Todos Bien Apretados”.
Aquí les va una lista de retroacrónimos jocosos que encontré por ahí:
ADIDAS (la citada marca de ropa deportiva) → Asociación De Idiotas Dispuestos a Sudar
ADSL (Asymmetric Digital Subscriber Line) → Acceso Denegado, Siga Lamentándose
APPLE (la marca de computadoras) → Aprendemos Para Poder Leer Enigmas
CIA (Central Intelligence Agency) → Cuidado, Individuos Astutos
CNT (Confederación Nacional del Trabajo) → Casi Nunca Trabajamos
HUMMER (la marca de automóviles) → Hacemos Úlcera Mientras Maestra Elba Roba *
IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) → Importa Madre Su Salud
ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado) → Inútil Solicitar Servicios, Sólo Tramitamos Entierros
IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido) → Ingresar a la Voraz Administración
SEAT (Sociedad Española de Automóviles de Turismo) → Sólo España Admite Trastos
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martes, 10 de agosto de 2010
El síndrome SAR
En mis navegaciones por la Web me topé con este curioso síndrome. No, no se trata del virus surgido en China que hace unos años amenazaba con matar a media humanidad, sino más bien de un “mal lingüístico” que aqueja a los hablantes de algunas lenguas.
El síndrome SAR (síndrome síndrome del acrónimo redundante) es el uso redundante de una o más palabras que forman un acrónimo o unas siglas con la abreviatura misma, de forma que se repiten una o más palabras. El término “síndrome SAR” es en sí mismo redundante y por lo tanto tiene algo de sarcasmo.
Este fenómeno ya lo había observado en mi tesis con respecto a la redundancia en la que caen muchos hablantes cuando dicen “virus VIH” (virus virus de inmunodeficiencia humana). Otro ejemplo en español es el que se ve en “impuesto IVA” (impuesto impuesto sobre el valor agregado) o en el mexicano y nefasto “impuesto IETU” (impuesto impuesto empresarial a tasa única).
En inglés hay muchos más ejemplos:
PIN number (personal identification number number)
ATM machine (automated teller machine machine)
LAN network (local area network network)
HTML language (hyper text markup language language)
En el artículo de Wikipedia dedicado al síndrome se dan algunas razones de su predominio, pero desde mi punto de vista son poco probables. Por ejemplo, se dice que una cantidad limitada de redundancia puede mejorar la efectividad de la comunicación (o al menos hace creer a los hablantes que la mejoran). Según esto, el hablante desea reforzar el significado de un acrónimo o de unas siglas, particularmente en contextos pedagógicos (ya sean formales o informales), de forma que la redundancia puede ayudar a proporcionar contexto y hacer que la comunicación sea más efectiva. Algo así como cuando deletreamos un nombre por teléfono y decimos una palabra para cada letra a fin de que nuestro interlocutor no se equivoque al escribirlo (ese de Samuel, te de Tomás, erre de Ramón, i de Inés, ka de kilo, a de Antonio).
Sin embargo, esta explicación me parece algo pretenciosa porque asume que la capacidad de análisis metalingüístico del hablante promedio es alta. Esto me recuerda a una discusión que tuve hace unos meses en Facebook, de la cual hablaré en otra entrada, sobre el mal uso del gerundio (mi amigo decía que la gente usa el gerundio con función adjetival –lo cual es un craso error gramatical- para crear un efecto de inmediatez en las redes sociales). La realidad es que los hablantes promedio no tienen ese tipo de conciencia metalingüística sobre el uso de la lengua y es poco probable que se pongan a reflexionar sobre los efectos que crearán en el discurso. La mayoría de las veces, las razones sobre el uso de algún recurso lingüístico tienen que ver más bien con la falta de reflexión de los hablantes.
En el caso del síndrome SAR me parece mucho más probable que los hablantes repiten una de las palabras del acrónimo por desconocimiento de lo que significa cada una de las siglas. Generalmente, el fenómeno se da con términos científicos o términos cuyos orígenes suelen ser oscuros para los legos en la materia. En otros casos, donde tal vez el hablante sí conoce el significado de cada una de las palabras que componen el acrónimo, como quizá sucede en “impuesto IVA”, la razón de usar la redundancia probablemente se deba simplemente a una falta de reflexión previa.
Además creo que la explicación del síndrome SAR se puede aducir a la falta de conocimiento porque en muchos casos se observa precisamente en acrónimos que provienen de una lengua extranjera, particularmente del inglés. En español es muy común decir “número PIN”, “disco CD” o “lenguaje HTML” porque seguramente los hablantes no saben que el acrónimo ya contiene la palabra. En inglés se suele poner en las invitaciones “please RSVP”, lo cual también es redundante puesto que RSVP (del francés Répondez s'il vous plaît) ya contiene “por favor”.
Estos términos se conocen en inglés como “frases RAP” (redundant acronym phrases phrases), que también es redundante. En este sitio web podrán ver algunas de las frases más comunes en inglés. ¿Conocen otros ejemplos en español? ¿O en otra lengua?
El síndrome SAR (síndrome síndrome del acrónimo redundante) es el uso redundante de una o más palabras que forman un acrónimo o unas siglas con la abreviatura misma, de forma que se repiten una o más palabras. El término “síndrome SAR” es en sí mismo redundante y por lo tanto tiene algo de sarcasmo.
Este fenómeno ya lo había observado en mi tesis con respecto a la redundancia en la que caen muchos hablantes cuando dicen “virus VIH” (virus virus de inmunodeficiencia humana). Otro ejemplo en español es el que se ve en “impuesto IVA” (impuesto impuesto sobre el valor agregado) o en el mexicano y nefasto “impuesto IETU” (impuesto impuesto empresarial a tasa única).
En inglés hay muchos más ejemplos:
PIN number (personal identification number number)
ATM machine (automated teller machine machine)
LAN network (local area network network)
HTML language (hyper text markup language language)
En el artículo de Wikipedia dedicado al síndrome se dan algunas razones de su predominio, pero desde mi punto de vista son poco probables. Por ejemplo, se dice que una cantidad limitada de redundancia puede mejorar la efectividad de la comunicación (o al menos hace creer a los hablantes que la mejoran). Según esto, el hablante desea reforzar el significado de un acrónimo o de unas siglas, particularmente en contextos pedagógicos (ya sean formales o informales), de forma que la redundancia puede ayudar a proporcionar contexto y hacer que la comunicación sea más efectiva. Algo así como cuando deletreamos un nombre por teléfono y decimos una palabra para cada letra a fin de que nuestro interlocutor no se equivoque al escribirlo (ese de Samuel, te de Tomás, erre de Ramón, i de Inés, ka de kilo, a de Antonio).
Sin embargo, esta explicación me parece algo pretenciosa porque asume que la capacidad de análisis metalingüístico del hablante promedio es alta. Esto me recuerda a una discusión que tuve hace unos meses en Facebook, de la cual hablaré en otra entrada, sobre el mal uso del gerundio (mi amigo decía que la gente usa el gerundio con función adjetival –lo cual es un craso error gramatical- para crear un efecto de inmediatez en las redes sociales). La realidad es que los hablantes promedio no tienen ese tipo de conciencia metalingüística sobre el uso de la lengua y es poco probable que se pongan a reflexionar sobre los efectos que crearán en el discurso. La mayoría de las veces, las razones sobre el uso de algún recurso lingüístico tienen que ver más bien con la falta de reflexión de los hablantes.
En el caso del síndrome SAR me parece mucho más probable que los hablantes repiten una de las palabras del acrónimo por desconocimiento de lo que significa cada una de las siglas. Generalmente, el fenómeno se da con términos científicos o términos cuyos orígenes suelen ser oscuros para los legos en la materia. En otros casos, donde tal vez el hablante sí conoce el significado de cada una de las palabras que componen el acrónimo, como quizá sucede en “impuesto IVA”, la razón de usar la redundancia probablemente se deba simplemente a una falta de reflexión previa.
Además creo que la explicación del síndrome SAR se puede aducir a la falta de conocimiento porque en muchos casos se observa precisamente en acrónimos que provienen de una lengua extranjera, particularmente del inglés. En español es muy común decir “número PIN”, “disco CD” o “lenguaje HTML” porque seguramente los hablantes no saben que el acrónimo ya contiene la palabra. En inglés se suele poner en las invitaciones “please RSVP”, lo cual también es redundante puesto que RSVP (del francés Répondez s'il vous plaît) ya contiene “por favor”.
Estos términos se conocen en inglés como “frases RAP” (redundant acronym phrases phrases), que también es redundante. En este sitio web podrán ver algunas de las frases más comunes en inglés. ¿Conocen otros ejemplos en español? ¿O en otra lengua?
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martes, 3 de agosto de 2010
Acertijo lingüístico
Después de dos meses de ausencia, estoy de nuevo por aquí y espero poder estarlo más seguido. Tengo algunas entradas en el tintero virtual, pero debo reestructurarlas. Mientras eso sucede, les dejo esto para reanudar la tradición de los acertijos mensuales:
Aquí tienen una pista de audio en una lengua incógnita. ¿Alguien sabe o puede adivinar cuál es?
Aquí tienen una pista de audio en una lengua incógnita. ¿Alguien sabe o puede adivinar cuál es?
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viernes, 4 de junio de 2010
Los colores y las lenguas
La traducción entre dos lenguas suele subrayar las diferencias en vocabulario que hay entre ambas. El lexicón es el área del lenguaje donde esas diferencias se hacen evidentes, lo cual plantea la interrogante sobre la existencia de elementos universales en las lenguas. De hecho, una de las preguntas que se han planteado muchos lingüistas y semantistas es si hay lexemas que tienen correspondencias en todas las lenguas del mundo.
Al intentar responder estas preguntas, un área de discusión importante ha sido la diferencia en los nombres de los colores en las distintas lenguas. Si bien podríamos esperar que hay diferencias entre las palabras relacionadas con elementos del ambiente como animales y plantas, o con sistemas culturales como los términos de parentesco o de otros aspectos sociales como el gobierno y las diferentes formas de organización que tienen los pueblos, seguramente les sorprendería saber que el número de términos para los colores varía de una lengua a otra. Después de todo, los humanos compartimos la misma fisiología. En un estudio muy importante desarrollado a fines de los años sesenta, Berlin y Kay (antropólogo y lingüista, respectivamente) investigaron el hecho de que las lenguas varían en el número e intervalo de nombres que asignan a los colores básicos. Su argumento es que aun cuando haya diversas formas de describir los colores, incluida la comparación con los objetos, las lenguas tienen algunos lexemas que son básicos. Antes de seguir hablando sobe este trabajo, vale la pena aclarar lo que Berlin y Kay entienden por términos para colores básicos:
Al intentar responder estas preguntas, un área de discusión importante ha sido la diferencia en los nombres de los colores en las distintas lenguas. Si bien podríamos esperar que hay diferencias entre las palabras relacionadas con elementos del ambiente como animales y plantas, o con sistemas culturales como los términos de parentesco o de otros aspectos sociales como el gobierno y las diferentes formas de organización que tienen los pueblos, seguramente les sorprendería saber que el número de términos para los colores varía de una lengua a otra. Después de todo, los humanos compartimos la misma fisiología. En un estudio muy importante desarrollado a fines de los años sesenta, Berlin y Kay (antropólogo y lingüista, respectivamente) investigaron el hecho de que las lenguas varían en el número e intervalo de nombres que asignan a los colores básicos. Su argumento es que aun cuando haya diversas formas de describir los colores, incluida la comparación con los objetos, las lenguas tienen algunos lexemas que son básicos. Antes de seguir hablando sobe este trabajo, vale la pena aclarar lo que Berlin y Kay entienden por términos para colores básicos:
- El término es monolexémico, es decir, no se construye a partir del significado de sus partes. De este modo, un término como azul-verde no es básico.
- El término no es un hipónimo de otro término para color, es decir, el color no es un tipo de otro color. De este modo, el término rojo es básico, pero escarlata no lo es.
- El término tiene aplicabilidad amplia. Esto excluye términos como rubio.
- El término no es una extensión semántica de algo que manifieste dicho color. De este modo, turquesa, oro, vino y castaño no son básicos.
Estos colores básicos o categorías cromáticas son once: blanco, negro, rojo, verde, amarillo, azul, marrón, púrpura, rosa, naranja y gris. Berlin y Kay observaron que el número de elementos en este conjunto básico de términos parece variar entre dos como mínimo y once como máximo. En otras palabras, el número mínimo de nombres para colores básicos que una lengua lexicaliza es dos y el número máximo es once. Entre los ejemplos de diferentes sistemas de colores están los siguientes:
Dos términos: Dani (Trans-Nueva Guinea, Irian Jaya)
Tres términos: Tiv (Nigeria, Congo); pomo (Ocán; California)
Cuatro términos: Ibibio (Nigeria, Congo); hanunoo (Filipinas)
Cinco términos: Tzeltal (lengua maya, México); kung-ekoka (Sur de África)
Seis términos: Tamil (India); chino mandarín
Siete términos: Nez percé (Idaho), malayalam (India)
Diez/once términos: árabe libanés, inglés
A simple vista, estas variaciones parecen apoyar la hipótesis del relativismo lingüístico (aquella que alude a la relación entre lengua y pensamiento, y a la forma en que la lengua que hablamos nos hace pensar de una manera determinada). Sin embargo, el estudio de Berlin y Kay identificó varias similitudes subyacentes que demuestran la existencia de universales léxicos en los sistemas de términos de colores. De hecho, lo más interesante del trabajo es la evidencia de que existe una jerarquía para estas categorías de colores, es decir que, en una relación A < B, si una lengua tiene B, entonces debe tener A, pero no viceversa. De este modo, tenemos siete estadios evolutivos en los que aparecen las once categorías de colores básicos:
1. Si una lengua distingue solamente dos nombres, estos son para blanco y negro. En otras palabras, blanco y negro aparecen en el primer estadio de todas las lenguas.
2. Si una lengua tiene tres términos, entonces se añade el rojo.
3. Si son cuatro, aparece el verde o el amarillo, pero nunca surgen los dos al mismo tiempo.
4. De esos dos términos, en el estadio de cinco términos aparece el que no se había incorporado en el estadio anterior: es decir, aquí ya están presentes tanto verde como amarillo, además de rojo, negro y blanco.
5. El sexto término en aparecer es azul.
6. Si la lengua tiene siete términos, entonces se añade el marrón.
7. Por último, los cuatro términos restantes aparecen en este estadio prácticamente al mismo tiempo o si un orden perceptible: púrpura, rosa, naranja y gris. Este es un estadio de ocho, nueve, diez u once términos.
La teoría de Berlin y Kay sostiene que todas las lenguas han pasado por esta secuencia evolutiva. Es decir que las lenguas menos desarrolladas lexicalizan dos colores (blanco y negro), después tres (blanco, negro y rojo) y así hasta llegar a los once términos de los colores básicos. En este cuadro se aprecia mejor:
| Número de términos | Términos de colores básicos |
| Dos | BLANCO, NEGRO |
| Tres | BLANCO, NEGRO, ROJO |
| Cuatro | BLANCO, NEGRO, ROJO, VERDE O AMARILLO |
| Cinco | BLANCO, NEGRO, ROJO, VERDE, AMARILLO |
| Seis | BLANCO, NEGRO, ROJO, VERDE, AMARILLO, AZUL |
| Siete | BLANCO, NEGRO, ROJO, VERDE, AMARILLO, AZUL, MARRÓN |
| Ocho, nueve, diez u once | BLANCO, NEGRO, ROJO, VERDE, AMARILLO, AZUL, MARRÓN, +/ PÚRPURA +/ROSA +/NARANJA +/GRIS |
Esto no significa que los hablantes de dani (una de las lenguas que sólo tienen dos términos para colores básicos), por ejemplo, no puedan distinguir los demás colores básicos que los hablantes de inglés o de árabe libanés sí distinguen. Desde luego que los distinguen, pero necesitan referirse a éstos mediante circunlocuciones u otras estrategias lingüísticas (“el color del cielo”, “el color del barro”, etc.). Además, los estudios demuestran que dichos hablantes son capaces de aprender los nombres para aquellos colores cuya lengua no distingue. La conclusión que se desprende de todo esto es que la percepción del espectro de colores es la misma para todos los seres humanos, pero que las lenguas lexicalizan diferentes conjuntos del espectro. Lo interesante es que la selección no es arbitraria y las lenguas usan el mismo procedimiento de clasificación.
El trabajo de Berlin y Kay muestra que existen universales léxicos en la terminología de los colores, lo cual viene a constituir una fuerte crítica la hipótesis del relativismo lingüístico, según la cual el lenguaje determina la forma en que pensamos y vemos el mundo. (Si esta hipótesis fuera cierta, el hecho de que los hablantes de un pueblo sólo lexicalicen dos colores significaría que sólo pueden distinguir esos dos colores y no el resto del espectro. Como ya mencioné, se ha demostrado lo contrario). Además, esta teoría ha estado vigente ya por más de cuarenta años y se han hecho muchos estudios posteriores que la han ampliado y reforzado. Si les interesa, en este vínculo pueden ver un mapa interactivo con la distribución de los términos para colores en algunas lenguas del mundo, según los últimos estudios.
El trabajo de Berlin y Kay muestra que existen universales léxicos en la terminología de los colores, lo cual viene a constituir una fuerte crítica la hipótesis del relativismo lingüístico, según la cual el lenguaje determina la forma en que pensamos y vemos el mundo. (Si esta hipótesis fuera cierta, el hecho de que los hablantes de un pueblo sólo lexicalicen dos colores significaría que sólo pueden distinguir esos dos colores y no el resto del espectro. Como ya mencioné, se ha demostrado lo contrario). Además, esta teoría ha estado vigente ya por más de cuarenta años y se han hecho muchos estudios posteriores que la han ampliado y reforzado. Si les interesa, en este vínculo pueden ver un mapa interactivo con la distribución de los términos para colores en algunas lenguas del mundo, según los últimos estudios.
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lunes, 17 de mayo de 2010
Acolitomanía
Acolitomanía es un neologismo que acabo de inventar. Proviene de los vocablos griegos ακολουθώ (acolito, seguir) y μανία (manía, obsesión), y significa "la obsesión por tener seguidores". Este trastorno es muy antiguo y lo padecieron muchos profetas y falsos profetas. Sin embargo, a raíz del surgimiento de las redes sociales, particularmente Twitter, se ha visto una gran propagación del padecimiento.
Como muchos de ustedes sabrán, Twitter, una de las redes sociales con más éxito en los últimos tiempos, gira en torno al principio de los "seguidores" (followers). A diferencia de otras redes como Facebook o Myspace, cuando alguien decide seguir a alguien en Twitter, la relación no es recíproca. Es decir, el hecho de seguir a alguien no lo hace automáticamente su amigo en Twitter. De este modo, se trata de una red asimétrica en la que el número de "seguidores" y "seguidos" nunca es el mismo.
Aunque abrí mi cuenta de Twitter hace poco más de un año, en realidad llevo sólo seis meses de "actividad tuitera" (lo pongo entre comillas porque tampoco tengo mucho tiempo para atender ese changarro). Pero el caso es que en estos seis meses he notado que muchos tuiteros padecen de una acolitomanía severa. El tema de muchos tuits es sobre los followers que ganaron o perdieron ese día. Mucha gente se desvive con tal de tener miles y miles de seguidores o que sus seguidores sean celebridades. La semana pasada hubo un incidente que lo demuestra: Twitter anunció la existencia de un bug que permitía forzar a un usuario a seguir a otro. Lo más chistoso del asunto es que mientras corregían el error, los contadores de seguidos y seguidores se restablecieron a cero y el pánico entre la comunidad tuitera fue descomunal. Por un par de horas, los tuiteros perdimos a todos nuestros seguidores y nos sentimos perdidos. (Cabe señalar que la pérdida --la de seguidores, aunque también la de rumbo-- fue virtual, ya que lo que los usuarios tuiteaban seguía apareciendo en el timeline de sus seguidores).
Al final el incidente no fue más que una anécdota divertida de la cual surgieron muchos tuits vaciladores cuando nos dimos cuenta de lo que pasaba. Pero no deja de llamarme la atención tanta obsesión por saberse seguidos y leídos. Hace algunos años, uno escribía y no sabía cuánta gente lo leía (o si alguien lo leía) ni quiénes eran sus lectores. Con las nuevas tecnologías uno puede controlar esa información. La mayoría de los blogueros tenemos contadores de visitas gracias a los cuales podemos saber no sólo cuántas personas nos leen al día, sino de dónde vienen y cómo llegan. Pero además del control, está --insisto-- ese afán por tener "seguidores". En los blogs también se puede ver el fenómeno con ese gadget de Blogger que muchos ponen y que permite ver el número de seguidores del blog en cuestión. En Facebook la gente colecciona amigos como si fueran trofeos; o hay usuarios que inclusive abren páginas de sí mismos para que los otros se vuelvan fans. Se maneja mucho ego y vanidad en todo esto. Ya una vez lo dije aquí: en esta cultura de narcisismo digital, todas estas herramientas y redes sociales funcionan como verdaderos escaparates del yo.
Como muchos de ustedes sabrán, Twitter, una de las redes sociales con más éxito en los últimos tiempos, gira en torno al principio de los "seguidores" (followers). A diferencia de otras redes como Facebook o Myspace, cuando alguien decide seguir a alguien en Twitter, la relación no es recíproca. Es decir, el hecho de seguir a alguien no lo hace automáticamente su amigo en Twitter. De este modo, se trata de una red asimétrica en la que el número de "seguidores" y "seguidos" nunca es el mismo.
Aunque abrí mi cuenta de Twitter hace poco más de un año, en realidad llevo sólo seis meses de "actividad tuitera" (lo pongo entre comillas porque tampoco tengo mucho tiempo para atender ese changarro). Pero el caso es que en estos seis meses he notado que muchos tuiteros padecen de una acolitomanía severa. El tema de muchos tuits es sobre los followers que ganaron o perdieron ese día. Mucha gente se desvive con tal de tener miles y miles de seguidores o que sus seguidores sean celebridades. La semana pasada hubo un incidente que lo demuestra: Twitter anunció la existencia de un bug que permitía forzar a un usuario a seguir a otro. Lo más chistoso del asunto es que mientras corregían el error, los contadores de seguidos y seguidores se restablecieron a cero y el pánico entre la comunidad tuitera fue descomunal. Por un par de horas, los tuiteros perdimos a todos nuestros seguidores y nos sentimos perdidos. (Cabe señalar que la pérdida --la de seguidores, aunque también la de rumbo-- fue virtual, ya que lo que los usuarios tuiteaban seguía apareciendo en el timeline de sus seguidores).
Al final el incidente no fue más que una anécdota divertida de la cual surgieron muchos tuits vaciladores cuando nos dimos cuenta de lo que pasaba. Pero no deja de llamarme la atención tanta obsesión por saberse seguidos y leídos. Hace algunos años, uno escribía y no sabía cuánta gente lo leía (o si alguien lo leía) ni quiénes eran sus lectores. Con las nuevas tecnologías uno puede controlar esa información. La mayoría de los blogueros tenemos contadores de visitas gracias a los cuales podemos saber no sólo cuántas personas nos leen al día, sino de dónde vienen y cómo llegan. Pero además del control, está --insisto-- ese afán por tener "seguidores". En los blogs también se puede ver el fenómeno con ese gadget de Blogger que muchos ponen y que permite ver el número de seguidores del blog en cuestión. En Facebook la gente colecciona amigos como si fueran trofeos; o hay usuarios que inclusive abren páginas de sí mismos para que los otros se vuelvan fans. Se maneja mucho ego y vanidad en todo esto. Ya una vez lo dije aquí: en esta cultura de narcisismo digital, todas estas herramientas y redes sociales funcionan como verdaderos escaparates del yo.
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