domingo, 23 de diciembre de 2007

Los imprescriptibles derechos del lector

Esta entrada está inspirada por algo de lo que escribí en la anterior, y uno de los comentarios que recibí. A continuación les presento los derechos imprescriptibles que, según Pennac, tenemos los lectores:

  1. El derecho a no leer
  2. El derecho a saltarse páginas
  3. El derecho a no terminar un libro
  4. El derecho a releer
  5. El derecho a leer lo que sea
  6. El derecho al bovarismo (enfermedad textualmente transmisible)
  7. El derecho a leer donde sea
  8. El derecho a picotear de aquí y de allá
  9. El derecho a leer en voz alta
  10. El derecho a callarnos

Fuente: Daniel Pennac. Comme un roman. [La traducción es mía]

2 comentarios:

Setu dijo...

Una vez, solo una vez, lo juro, tomé otro derecho que no figura en la lista de Daniel Pennac. Como el Pepe Carvalho de Vásquez Montalbán, me puse a quemar cierto libro para encender un fuego de leña. Sin embargo, Dios sabe que soy enemigo de “autos da fe”… Pero – ya puedo oír gritos de protesta- ¡que timo lo de Paulo Coelho!
En cuanto a Joyce, lo “soporto” desde años a pesar de no ser un intelectual (¿qué es eso?). Hay que gozar de “Ulises” a pequeños tragos, olvidarlo, tomarlo otra vez, abrir una página al azar… Se necesita tener una afición al humor “pince sans rire” (como se dice en francés), una curiosidad inagotable para la complejidad y las contradicciones de los comportamientos humanos. Mejor aun cuando uno se interesa a la historia de Irlanda. Lo confieso, me fue a Dublín y pasé un día por las calles de esa ciudad, en las huellas de Bloom.

strika dijo...

Yo no tengo nada en contra del Ulises. Ese fue un comentario de alguien más. Es cierto que, en lo personal, no he logrado aún leerlo por completo (ejerciendo el tercer y el octavo derecho, jeje). Pero el que no lo haya podido leer aún entero, no significa que nunca lo haré. Estoy convencida de que los libros tienen un momento. Y de hecho el libro de Joyce con el que he ejercido el cuarto derecho, es decir el de releer, es su libro de cuentos Dublineses, que me fascina... Algún día iré también a Dublín...
Si el libro que quemaste es de Paulo Coelho, ¡tienes toda mi solidaridad!