domingo, 18 de mayo de 2008

Latín macarrónico

El latín macarrónico es una composición burlesca en que se mezclan palabras latinas con otras de una lengua vulgar latinizada y sujeta a la prosodia latina. Las expresiones también pueden estar en un latín muy poco académico desde el punto de vista gramatical, es decir, que no respeta las reglas de conjugación ni de declinación. Se le conoce también como latín de cocina, en latín Latinitas culinaria, en francés latin macarronique o latin de cuisine, en alemán Küchenlatein, y en inglés Dog Latin o Mock-Latin.

Se cree que el término macarrónico se originó en Padua a fines del siglo xiv, aparentemente de maccerone, un tipo de pasta que comían los campesinos en aquella época. Pero según el Corominas, el término proviene del alto it. macaron, “error garrafal”, que a su vez será aplicación figurada del mismo vocablo en la acepción de “hombre bobo”, pues de esta zona de Italia eran oriundos los dos primeros autores de Macarroneas, el paduano Michele degli Odari (el Tifi), y el célebre mantuano Folengo (Merlín Cocaio), que escribieron poemas de ese nombre en 1490 y a principios del siglo xvi. En este sentido, el vocablo es quizás una aplicación figurada, por la textura blanda de la pasta comparada con la flojedad del maccerone, que algunos definen como hombre débil a la vez que necio.

Aunque las macarroneas surgieron como tal en el siglo xvi, existen algunos ejemplos más antiguos, como es el caso de los cantos goliardos de Carmina Burana (siglos xii y xiii), que contienen varios poemas que mezclan latín con francés o alemán medieval

Muchos autores cómicos imitaron el estilo de las macarroneas. En Francia, Antonio d’Arena escribió Mygra entrepriza catoliqui Imperatoris (1537), obra en la cual relató con ironía la expedición desastrosa de Carlos V en Provenza. Existe también una versión macarrónica del Quijote escrita por Ignacio Calvo y Sánchez (1864-1930) cuyo título es: Historia Domini Quijoti Manchegui (1905). La primera frase es:

In uno lugare manchego, pro cujus nómine non volo calentare cascos, vivebat facit paucum tempus, quidam fidalgus de his qui habent lanzam in astillerum, adargam antiquam, rocinum flacum et perrum galgum, qui currebat sicut ánima quae llevatur a diábolo.

El texto macarrónico todavía es usado por algunos autores modernos. Raymond Queneau incluyó una versión macarrónica en sus Exercices de style (libro altamente recomendado para los amantes del lenguaje). En El nombre de la Rosa, el maestro Eco pone a discutir a los monjes en latín macarrónico. En Misterio Bufo, Darío Fo utiliza grammelot (una especie de lenguaje onomatopéyico usado en el teatro satírico) combinado con elementos macarrónicos. Y en el Ulises de Joyce, un personaje profiere un burlesco Muchibus Thankibus.

5 comentarios:

A dijo...

Primero, vinos por los ricos,
de esta beben los libertinos;
otra vez beben por los cautivos,
después de esto beben tres veces por los vivos,
cuatro por todos los cristianos,
cinco por los fieles difuntos
seis por las frívolas hermanas,
siete por los soldados de los bosques.

Ocho por los hermanos perversos,
nueve por los monjes dispersos,
diez por los navegantes,
once por los discordantes,
doce por los penitentes,
trece por los caminanates.
Tanto por el Papa como por el rey
beben todos sin ley.

Encantador!
Besos abstemios
A.

Gevalher dijo...

Me encanto tu post, muy unformativo, y ya mismo me voy a releer El Nombre de la Rosa, uno de mis libros (y peliculas)favoritas...

strika dijo...

Carmina Burana es de hecho una de las expresionaes más hedonistas de la Edad Media. Totalmente para ti, mi querida A. ;)

strika dijo...

Gracias, Gevalher. ;) Yo también tengo pensado releer un día de estos El nombre de la Rosa. El problema es que también tengo una montaña de libros que me esperan...

A dijo...

Y yo que me creia asceta

besos hipocritas
A