lunes, 10 de noviembre de 2008

Estantería abierta

Quienes han leído (o en su defecto han visto la película) El nombre de la rosa, recordarán que la biblioteca de la abadía donde ocurre la historia es un laberinto construido según un plano que sólo el bibliotecario en turno conoce. Éste también es el único autorizado para entrar a la biblioteca y moverse por el laberinto de los libros que sólo él sabe donde guardar y cómo encontrar. Los monjes de la abadía tienen que trabajar en el scriptorium donde pueden consultar el catálogo de obras que contiene la biblioteca. Sólo el bibliotecario decide cómo, cuándo, y si conviene, prestárselo al monje que lo solicita, a veces teniendo que consultarlo primero con el abad. Todo ello se justifica porque “no todas las verdades son para todos los oídos, ni todas las mentiras pueden ser reconocidas como tales por cualquier alma piadosa”. Además los monjes de la abadía estaban ahí para realizar un trabajo determinado y no para satisfacer su curiosidad personal.

Uno pensaría que este concepto de biblioteca cerrada y controlada es algo muy medieval. Una biblioteca cerrada se entiende, y hasta tiene lógica, en una época oscurantista en la que la Iglesia decidía sobre la sociedad y la vida de todos. En pleno siglo xxi, las bibliotecas cerradas podrían parecer impensables y, sin embargo, las hay. Desde luego no son como la de la abadía de Eco, ni por su forma laberíntica ni por el dominio absoluto que en ella tiene el bibliotecario, pero sí prevalece en ellas la idea de control. Estoy hablando de las bibliotecas de “estantería cerrada”.

Hace unos cuantos años tuve la necesidad de consultar unos libros que sólo se encontraban en la Biblioteca de El Colegio de México. Cuando llegué, lo primero que llamó mi atención fue no encontrar el acervo a la vista del público. Para poder ver cualquier libro había que consultar el catálogo, posteriormente llenar una ficha con los datos del libro deseado y entregarla en un mostrador para que fueran a buscarlo. No recuerdo cuántos libros podía uno solicitar en la ficha, pero obviamente no eran muchos. No sé si todavía tengan el mismo sistema en esa biblioteca, pero sí sé que hay muchas más que así funcionan. Puedo entender que la “estantería cerrada” se use en algunas bibliotecas como las de los congresos, las asambleas legislativas, las cortes y otro tipo de instituciones gubernamentales. Me parece perfectamente entendible que en ese tipo de bibliotecas sea importante tener cierto control. Pero no lo puedo entender en las bibliotecas de las universidades y otro tipo de instituciones académicas donde los jóvenes se están formando.

Alguna vez escuché que muchas bibliotecas trabajan con estantería cerrada para evitar el robo y el daño del material bibliográfico. Sin embargo, ésa no me parece una justificación válida, mucho menos en esta época. Hoy en día hasta la biblioteca de la escuela más patito tiene algún sistema de alarma y protección contra robo de libros. Y quizás el daño al material es más difícil de evitar, pero incluso con estantería cerrada uno no lo impide totalmente.

Y bien, se estarán preguntando por qué me molesta tanto el sistema de estantería cerrada. El objetivo principal de una biblioteca es el de compartir el conocimiento y la cultura que la humanidad ha acumulado y que las bibliotecas preservan, organizan y difunden. Una biblioteca debe ser un espacio abierto, dinámico y de fácil acceso. ¿De qué sirve tener el mejor acervo del mundo si para consultarlo hay que pasar por todo un trámite burocrático? No creo que los bibliotecarios de hoy en día sean como los del Medioevo. No creo que su misión sea ocultar información a los lectores. Ni siquiera creo que sean tan cultos como para saber qué libros habría que ocultar. Pero por lo mismo, tener que pasar por ellos para poder tener en las manos un libro me parece, si no riesgoso, sí una pérdida de tiempo.

No obstante no es la desconfianza que me inspiran los empleados de las bibliotecas mi principal argumento en contra de la estantería cerrada. Ese sistema no me gusta porque es demasiado limitante. Me atrevo incluso a decir que la experiencia de aprendizaje y de investigación no es la misma para quien no tiene acceso al acervo que para quien puede pasearse libremente por los pasillos de una biblioteca. El primero tendrá que limitarse a buscar lo que ya sabe que existe o lo que ha encontrado en el catálogo, pero nunca podrá ir más allá. En cambio, al que tiene acceso al acervo se le abre un mundo de posibilidades: no sólo puede conocer la colección completa al tener contacto directo con ella, sino que además puede descubrir en el camino otros libros que le despierten otras ideas y otros intereses. La estantería abierta ofrece alternativas al material bibliográfico de cajón y promueve la espontaneidad en el estudio. ¿Cuántas veces no me he topado con libros maravillosos o libros que han sido clave para definir un tema de investigación sólo por andar curioseando en el estante? Después de todo, si, como dice Eco, los libros hablan de otros libros, también los libros nos llevan a otros libros.

Foto de Nathan Williams

23 comentarios:

BLUEKITTY dijo...

Y es que uno de nuestros menos inteligentes inventos como parte de la humanidad ha sido la burocracia como administración INEFICIENTE a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas.¿O es que a caso es BURROcracia?

Ojaral dijo...

Todas las bibliotecas que yo conozco funcionan con el sistema de estantería cerrada. Incluso creía que no había otro modo de funcionamiento. Siempre se aprende en este blog.
Pero que cierto lo que decís de la apertura que implica pasearse por las estanterías cargadas de una biblioteca o una librería. Es como una carambola de billar, que uno sabe por dónde empieza pero no cómo termina.
Saludos!

Bárbara dijo...

Qué bueno sería que se desate una fiebre donde la gente desespere por robar libros en lugar de celulares y cosas que no sirven para nada, que las bibliotecas entren en pánico ante hordas salvajes, que el conocimiento no sea repartido sino saqueado.
Yo siempre tuve la fantasía de robar libros y, curiosamente, me siento totalmente en mi derecho de hacerlo.
Saludos!

marichuy dijo...

Querida Strika

Me has transportado. En la novela de Eco, su dscripción del scriptorium me hechizó y puso a volar mi imaginación. Y en la pelicula -que a mi si me gustó- uno de los aspectos mejor logrados, fue justamente la recreación del scriptorium, incluída esa atmósfera de misterio y ocultamiento del conocimiento.

Ahora bien, lo que comentas de la biblioteca del COLMEX, yo también lo pasé; y tienes razón, eran poquitos libros los que se podían sacar por ficha.

"creo que si el objetivo principal de una biblioteca es el de compartir el conocimiento y la cultura que la humanidad ha acumulado y que las bibliotecas preservan, organizan y difunden"

controlen y manipulen su uso, agregaría yo.

Pero coincido con los anteriores comentaristas, mucha de la culpa son las administraciones bibliotecarias, las burocracias, querida... y quizá también el temor, pues todavía hay por ahí uno que otro insensato, que se roba los libros, o por lo menos lo intenta.

Por último, muchas gracias. Me encantó esta estrada.

Un beso

gamaliel dijo...

Cierto. La biblioteca de mi escuela es completamente abierta y nunca se ha pensado en hacerla cerrada, obviamente se han perdido algunos libros, pero no es nada que no pueda ser reparado (aunque desde luego no debería pasar). Y es que cuando no estas muy seguro de que andas buscando, no hay como ir a ver todos los libros y revisarlos de manera detallada por tu cuenta, porque incluso te topas con algunos libros que te son útiles y tu ni te imaginabas que lo pudieran ser por el titulo o el autor. La estantería cerrada puede ser útil cuando sabes perfectamente que buscas... Y aun así no es razon suficiente.

Saludos

P.D. gracias, tu tambien me caes muy bien

Katrina Van Dassos dijo...

A mí me parece correcto lo que se hace, en el sentido de protección del libro (físicamente) en sí.
Por eso muchas instituciones con grandes fondos (véase la Universidad Complutense de Madrid) han comenzado con proyectos para digitalizar todo el fondo antiguo y que se pueda ver por internet de forma gratuita.
Aquí la mayoría de las bibliotecas públicas tienen acceso libre, no estanterías cerradas, excepto algunas, como ocurre con la Biblioteca Nacional. Ahí tienes que rellenar ficha para cualquier libro, sea de la fecha que sea. Se entiende que si buscas un libro "común" acudes a otra biblioteca en vez de a la nacional, vamos, por lo que no te importa esperar 10 minutos para sacar 3 libros que no conseguirías en ningún otro sitio.

Otro tema es que con libros nuevos (posteriores a 1958) no se permita el acceso libre. Eso sí que tiene delito tratándose de bibliotecas públicas.

Me ha encantado el post, me tocas la fibra con las biblios.
Un saludo.

:)


PD para Bárbara: roba libros, pero no en las bibliotecas, ¡¡¡¡por Dió!!! HAI EXCOMUNION....

Bárbara dijo...

Peeeroooo!

Es una fantasía que me quedó después de leer "Gusano" de Bolaño, lector-ladrón de libros de librerias y no de bibliotecas. Y un poco por lo que decía Boris Vian, nadie piensa necesario proteger los mercados de flores porque en este mundo nadie roba flores. Iba más por ahí la cosa.

En Buenos Aires la bibliteca nacional funciona más o menos como describís, no lo veo mal. Estoy de acuerdo con que se consulta lo que se fue a buscar y quizás ahí termine pero, por el cuidado que merecen los libros, creo que puede hacerse la búsqueda previamente o consultar por los títulos, autores, etc. sin manipular los libros, que algunos son incluso muy viejos, en el caso de la hemeroteca ni hablar; no todos son amantes de los libros e incluso hay alguno que otro que sería capaz de llevarse algún ejemplar, ahora estoy hablando en serio.
En las facultades de la universidad de buenos aires podés consultar todo el listado de libros y luego buscarlos, sin tener que verlos todos, que además supongo que sería un caos.
Limita pero si protege el libro me parece que esto último es más importante.
Saludos!

Berenoise dijo...

Creo que el principal inconveniente es que el lector no es tan culto como para darle el debido respeto a los libros en las bibliotecas, ni siquiera las personas más cultas que conozco han podido resistir la tentación a robar algún libro de los denominados "inencontrables", sin embargo un gran número de bibliotecarios son lo suficientemente cultos como para reconocer a alguien que tiene especial interés por determinado tema o libro, muchas veces terminan haciendo recomendaciones valiosísimas! y dejando pasar por alto los fastidiosos tramites!

De cualquier manera, estoy a favor de la estantería cerrada, por lo menos en este país. He visto demasiadas cosas en las bibliotecas y aunque no soy muy fans de ellas (sobre todo porque no soporto el aparente silencio lleno de murmullos) y creo que a alguien que conoces en una biblioteca es de esas personas que pueden ser amigos para toda la vida, sigo pensando que la mayoría de los que frecuentan las bibliotecas no tienen la suficiente educación como para saber valorar ciertos libros.

Quizá ya me han vuelto un tanto como ellos, los bibliotecarios!!


Un saludo.

e. r. dijo...

El fenómeno de las bibliotecas cerradas es parte del sistema general de vida que estamos teniendo ahora. ya no laberintos borgianos, sino burocracia kafkiana: el empleado tiene que ser el intermediario. Cada vez más papeleos, solicitudes, catálogos, no saber exactamente de dónde viene esto que nos traen.
Es muy triste.
Saludos

Arcángel Mirón dijo...

Por supuesto que no es lo mismo tener los libros al alcance de la mano que tener que pedirlos, consultar, llenar formularios. Es frustrante. Es casi un sacrilegio.

R. dijo...

El nombre de la rosa, buena película, mejor libro. :)

Yo ya me acostumbré a la estantería cerrada. Antes, suelo acudir a mis librerías favoritas y pasearme demoradamente para saciar mi curiosidad, pescar algún libro que no tengo en mi lista, descubrir un autor, un libro.

Saludines,
R.

Uno tiene que salir de casa a buscar los libros que lo esperan. (Roberto Bolaño)

Strika dijo...

Bluekitty: La burocracia, la ineptocracia, en fin... El mal de nuestro siglo, pero por desgracia creo que es un mal necesario.

Ojaral: Yo tampoco dejo de aprender con los comentarios. Nunca imaginé que en Buenos Aires, y al parecer otras ciudades sudamericanas, es más común la estantería cerrada. Tu analogía con la carambola del billar me parece muy buena. También lo imagino como el hipertexto y la navegación en Internet. Uno empieza en un lugar ¡y nunca sabe dónde terminará! Claro, hay a quienes eso puede parecerles una pérdida de tiempo, pero también se aprende un montón en el camino.

Bárbara: De hecho, yo creo que definitivamente Bolaño fue un ladrón de libros en su juventud ya que es un tema recurrente. En Los detectives salvajes Ulises Lima y Arturo Belano también se dedican a saquear las librerías de viejo de la Ciudad de México y, aunque el poeta García Madero luego los imita, al principio se escandaliza sobre todo por una librería cuya dueña es ciega.

Marichuy: Acabo de releer el libro de Eco, por eso lo tengo tan fresco. ;) Releerlo fue apasionante y ya quiero volver a leerlo otra vez. Ja, ja. Qué clavada soy. La película la vi también hace muchos muchos años y no tengo el recuerdo tan fresco. Pero ya la bajé de Internet y no veo la hora de verla. ;) Gracias a ti por venir y comentar. Un beso

Gamaliel: Es lo que digo, pero ya ves que hay opiniones diferentes. También pienso que si ya sabes qué es exactamente lo que quieres la estantería cerrada puede ser hasta cómoda, pero no cambio la comodidad por el placer de recorrer pasillos. ;)

Katrina: Sí, quizá si se trata de libros antiguos y difíciles de conseguir, se puede pensar en un sistema de estantería cerrada como sistema de protección. En ese sentido, no sólo lo veo atinado sino hasta preferible. Tampoco se va a dejar que cualquier esté tocando (y eventualmente maltratando) algunas joyas bibliográficas de difícil recuperación. Gracias por tu comentario. :)

Berenoise: Me encantan tus comentarios porque siempre vienes a mostrar que hay diferentes opiniones para cada tema. ;) En lo que no disiento contigo es en que tampoco soporto el aparente silencio de murmullos que hay en algunas bibliotecas. Y creo que hay unas mejores y otras peores. En la Biblioteca Central de la UNAM no se aparenta nada, es como un mercado. De hecho, la primera vez que uno la visita, la experiencia puede ser bastante folklórica.

E.R.: Me gusta la comparación que haces entre el laberinto borgeano y la burocracia kafkiana. Definitivamente nos hemos movido a ésta última. Y es frustrante tener que depender de un intermediario (de su competencia, de su estado de ánimo, etc.)

Arcángel: Tú lo has dicho: es frustrante. También un sacrilegio, aunque en el Medievo el sacrilegio era lo opuesto. :)

R: Lo malo es que ahora en las librerías hay una tendencia a forrar con plástico los libros. Algunos libreros son lo suficientemente considerados como para dejar un libro sin el forro y que los clientes lo puedan hojear, pero luego en otros lugares ni eso es posible. Muy buena la cita de Bolaño, a la cual habría que añadir: porque "todos los libros del mundo están esperando a que los lea" (cita también de él).

Berenoise dijo...

Y a mi me encanta este blog! Sea convertido en poco tiempo en uno de mis favoritos y a los cuales vengo a leer con mucho entusiasmo!

:D

mariano skan dijo...

soy bibliotecario y el sistema que adoptamos en nuestra biblioteca es el de estantería abierta, que son pocas y con libros "baratos".

El sistema de estantería cerrada, parece ser la primera consecuencia de los hurtos y roturas del material bibliografico; ¿quién no se afanó un libro de la biblioteca? aunque después lo haya devuelto, puede que no, cabe la posibilidad.

Conozco a uno que simplemente dijo haber perdido una primera edición de un libro de Borges, ¿y ahora?

debemos estar preparados para muchas perdidas y también ganacias.

a todos los que nos gustan los libros amamos las estanterías abiertas, nos fascina pasar el índice por los lomos, girar las páginas, es todo un placer.

saludos

Miroslav Panciutti dijo...

Como bien dices, con los comentarios se aprende mucho. Leí este post apenas lo publicaste y me dieron ganas de apoyar una diatriba contra las "estanterías cerradas", pero no lo hice por falta de tiempo. Ahora leo los comentarios y me quedo pensando que hay buenos argumentos para defender, con según qué libros, el otro sistema. La opción que habría que apoyar, en todo caso, parece claro que es la de la digitalización y distribución "abierta" de los libros por la Red. En tal sentido, estoy cada vez más entusiasmado con las posibilidades de internet y que puedas consultar tantos documentos que antes había que ir a buscar a remotas bibliotecas. Por cierto, como ya alguien ha dicho, la tan agradable y fértil ocupación de perderse en los laberintos de las estanterías para encontrarse con algo no previsto, se repite ahora en los laberintos internáuticos; es esa una de mis ocupaciones predilectas.

Anónimo dijo...

Todos los educadores son absolutamente dogmáticos y autoritarios. No puede existir la educación libre, porque si dejáis a un niño libre no le educaréis.

No recuerdo ahora de quien es esa frase celebre , era Ibérico al parecer , la recordé , por que si el conocimiento nos trae la libertad ¿ Por qué se guarda ?.

Historias de Luis dijo...

el anónimo era yo , disculpas.

Strika dijo...

Berenoise: ¡Gracias! :)

Mariano: Eso de perder la primera edición de un libro de Borges sí que es una tragedia, pero como dices es parte del juego. Las bibliotecas tienen que estar preparadas para ese tipo de pérdidas (y en el caso de ediciones de ese tipo, quizá deben estar preparadas para evitarlas). ¡Qué suerte que trabajes en una biblioteca! :)

Miroslav: Así es. Después de leer los comentarios, yo también flexibilicé mi postura. Quizá las bibliotecas que tienen joyas bibliográficas de difícil recuperación deben pensar en sistemas mixtos. Estoy de acuerdo contigo en que se debe fomentar los proyectos de digitalización y distribución abierta de los libros. Y, como tú, yo también disfruto muchísimo perdiéndome por los laberintos de esta Biblioteca de Babel que es la web. ;)

Historias de Luis: "si el conocimiento nos trae la libertad ¿ Por qué se guarda ?" En mi opinión, la respuesta está en la misma pregunta: porque las élites nunca han querido que la gente sea libre. Bienvenido a este blog. :D

¡Saludos a todos!

Enrique Morán dijo...

Hola Strika
Esa parte del laberinto que representa la biblioteca es de las partes más emocionantes de El Nombre de la Rosa para mí.
Aparte del peligro de perderse entre los pasillos, también está la emoción de encontrar ejemplares que se pensaba ni siquiera existían.
Ubicándonos en el presente, creo que ese concepto de la biblioteca cerrada es muy válido y debe perdurar.
Como dices, en la Edad Media mantener el control de los libros, era mantener el control del conocimiento y por lo tanto mantener el poder.
En cuanto a tu opinión sobre la estantería cerrada en las bibliotecas de las universidades, te puedo decir que yo sí apoyo esa manera de manejar los ejemplares y te diré porqué.
Durante varios años me dediqué al periodismo de investigación, lo que representaba pasar muchas horas de consulta en bibliotecas (esto fue antes de la era Internet).
Al acudir a las bibliotecas (hablemos de la del Congreso, o la del Archivo de la Nación o hasta la de la Ciudadela, y consultar ejemplares antiguos, era para mí muy frustrante y hasta triste percatarme que los libros estaban en pésimas condiciones y no precisamente por su edad, sino porque la gente que los consulta es una irresponsable.
Era patético ver que algunos libros tenían hojas arrancadas, otros con anotaciones o hasta escribían frases estúpidas como fulano ama a sutana.
Es triste que una joya como son los libros los dejen en manos de retrógradas irresponsables.
Saludos

Strika dijo...

¡Hola Enrique!
Sí, como lo señalé en mis comentarios, quizá sería bueno pensar en sistemas mixtos en los que los libros antiguos y difíciles de recuperar estén en estantería cerrada y los libros más nuevos en estantería abierta. Estoy de acuerdo en que los que dañan libros, o dejan su huella en ellos, son unos retrógrados e irresponsables (y nacos, ja, ja, ja.)
Saludos

Gabriel Martínez Meave dijo...

Qué buen post. Decía fray Guillermo de Baskerville (encarnado por Sean Connery) “el bien de un libro está en ser leído”. Es mejor un libro algo maltratado, pero leído por varios lectores, que un ejemplar incólume, pero por el que ningunos ojos han pasado.
Los libros son sólo contenedores, el conocimiento debería estar al alcance de todos, o cuando menos, de cualquiera que desee alcanzarlo.
En total acuerdo contigo.
Saludos, Gabriel.

Mimí dijo...

Exactamente, si no sabes la pregunta correcta nunca puedes acceder a la información y ampliar los horizontes, así que es muy limitante, tanto que te arrastra a la pregunta de si esa biblioteca tiene como fin difundir la cultura.
Este tipo de actuación se da ahora en las oficinas de atención al público: No dar información que el demandante no pregunte expresamente, o sease: Acudes a la seguridad social, al consultorio médico o al ayuntamiento y si no conoces la la pregunta exacta no resuelves nada, así evitan más tiempo de intervención por persona, se agiliza y posiblemente tu, que no entiendes nada de burocracia (de derecho o medicina) te veas arrastrado de pasillo en pasillo, vuelta a casa, y no seas capaz de resolver tu problema. Es un sistema muy eficaz que además evita numerosas quejas y demandas.
Como ves la biblioteca cerrada se traslada a todo, o te encuentras con alguien que se apiade de tu ignorancia y te guíe, o ahí te quedas, mirando el sciptorium in secula seculorum.

Anónimo dijo...

Soy Eduardo Cruz Gtz. estudiante de Bibliotecología y quiero compartir con ustedes las cinco leyes de la biblioteconomía escritas por el indú el señor Shiyali Ramamrita Ranghanatan:

1-) Los libros son para ser usados.
Sin duda nos viene a la cabeza el bibliotecario más interesado en la preservación del fondo, que en su difusión, autores como Lancaster lo tienen claro, tras gastar dinero en un libro debemos buscar su máxima accesibilidad, si un libro se ha usado poco, aunque esté en perfectas condiciones, habremos tirado el dinero.

2-) A cada lector, su libro.
Cuando revisamos la ficha de un usuario, y comprobamos que se ha llevado muchos libros este mes, ¿es una buena señal?, quizá no, quizá es que le ha costado encontrar lo que buscaba, debemos intentar siempre que el usuario se lleve el libro que más se adapte a sus necesidades, (sea un libro o sea información en otro formato), a cada lector lo que necesite, en el momento que lo necesite.

3-) A cada libro, su lector.
Esta ley está íntimamente relacionada con la anterior, pero hace incapié en la colección de materiales, S.R.R. nos dice que a cada libro hay que encontrarle su lector, no llega con tener una fantástica colección, de nada sirve si a quien le interesa no se entera de que existe un determinado libro, y este lector puede ser incluso una persona que nunca ha pisado la biblioteca, debemos solucionar este problema con la publicación de boletines de novedades, o simplemente promocionando la biblioteca fuera de ésta.

4-)Ahorre tiempo al lector.
El tiempo del lector debe ser importante para el bibliotecario, por ello el usuario no debe tardar nunca más de lo necesario en localizar una obra, esta ley se refiere a la buena organización del fondo, e impregna a todas las demás.

5-) La biblioteca es un organismo en crecimiento.
Los usuarios de ahora no tendrán las mismas necesidades mañana, por ello la biblioteca debe afrontar una adaptación y renovación constante, captando las nuevas necesidades, o los requerimientos de nuevos usuarios