viernes, 26 de junio de 2009

¿Vale la pena saber tantos idiomas?

Un alemán está buscando una dirección en el boulevard del puerto de Veracruz, en México. Ya cerca del hotel Fiesta Americana, detiene su coche y se dirige a dos jarochitos que juegan cartas a la sombra de un frondoso árbol.

- Entschuldigung, bitte! Kennen Sie Deutsch sprechen? --pregunta el alemán.

Los dos costeños se miran y siguen sin decir nada.

- Excusez-moi, parlez vous Français? --intenta nuevamente.

Y los jarochitos, ¡callados!

- Do you speak English?

Ni una palabra de los costeños...

- Prego signori, parlate Italiano?

Ninguna respuesta.

- Você fala português?

Y nada... ¡los costeños siguen mudos!

El alemán, frustrado, se sube a su carro y se va.

Unos minutos más tarde, uno de los jarochitos le dice al otro:

- Compadre, yo creo que tal vez deberíamos aprender por lo menos un idioma extranjero.

- ¿Y pa' qué, compa? --replica el otro--. Ese pinche güero hablaba cinco ¡y le sirvieron pa' pura chingada!

miércoles, 24 de junio de 2009

Shopping literario


Hoy abrió sus puertas la Tercera Feria de Remate de Libros en el Auditorio Nacional. Para quienes no sepan de qué se trata, en esta feria se rematan títulos de los más diversos géneros que han pasado por ventas, rebajas y saldos, y que finalmente se iban a enviar a bodegas de las editoriales para su trituración y desecho, ya que por disposiciones --absurdas-- de la ley no se pueden donar ni regalar, a menos que se pague un impuesto.

Éste es el segundo año que voy y realmente vale mucho la pena. Entre los tantos stands de libros de superación personal, hay unos cuantos de editoriales pequeñas que ofrecen gangas interesantes. Este año volví a desvalijar el stand de Ediciones del Equilibrista. Aquí tienen una lista de mi shopping:

La última escala del Tramp Steamer de Álvaro Mutis
Dos cuentos orientales de Gérard de Nerval
El estandarte de Alexander Lernet-Holenia
Un famélico en busca de salvación de Julián Meza
La novela de la momia de Théophile Gautier
Diario de un aspirante a santo de Georges Duhamel
La muerte del pequeño burgués de Franz Werfel
Trazos de Octavio Paz

En total pagué la módica cantidad de 195 pesos (14 USD). ¡Por ocho libros! No sé de dónde voy a sacar el tiempo para leerlos todos, pero ya les contaré si alguno es recomendable.

A los chilangos que quieran ir les recomiendo ir temprano y, de ser posible, entre semana, pues se llena a reventar. Fui a las 11:30 am y ya había una romería. Y eso que en México se lee poco...

jueves, 18 de junio de 2009

Acertijo lingüístico


Debo confesar que esta idea no es mía. La tomé de este blog anglófono que sigo desde hace tiempo. Pero tenía ganas de hacer mis propios acertijos, más por la emoción de buscar el material, las grabaciones. etc. Así que ésta será una "entrada piloto" y, si funciona, empezaré una nueva sección de acertijos en Tripodología Felina.

Aquí les va una pista de audio en un idioma. ¿Alguien sabe o puede adivinar cuál es?




lunes, 15 de junio de 2009

Deadline

Últimamente mi vida se rige por deadlines. Este término inglés se refiere a la fecha limite o tope en la que un proyecto tiene que terminarse. Quienes trabajan en el ámbito de la edición, el periodismo, el diseño, la programación, la traducción, etc., saben muy bien lo que son esos plazos de entrega y lo agobiantes que pueden ser.

Si bien no me gusta mucho el pochismo cuando hablo o escribo, deadline es el término que suelo usar para referirme a esos plazos de entrega. Literalmente significa “línea muerta” y creo que es una buena metáfora para ese sentimiento de saber que se le viene a uno el tiempo encima cuando se acerca la fecha límite para entregar. Es una línea que no se quiere cruzar porque uno siente que, si la cruza, está muerto.

Pero ¿de dónde viene el término?

La palabra deadline apareció por primera vez en Estados Unidos como un neologismo que se refería a la línea alrededor de una prisión militar más allá de la cual los soldados estaban autorizados a dispararles a los prisioneros que intentaban escaparse. Según el historiador Benson John Lossing, en un libro sobre la historia de la Guerra Civil (1868), a seis metros del interior de la prisión estaba la “línea de la muerte”, después de la cual ningún hombre podía vivir. A los soldados se les advertía: “si cruzas esta línea, estás muerto”. Este término también aparece en un informe del Congreso de 1864.

Nada podría ser más enfático que una línea muerta o de muerte para designar un límite, así que los estadounidenses adoptaron el término para otras situaciones. Por ejemplo, el escritor estadounidense O. Henry escribió en 1909 sobre “cruzar la línea muerta del buen comportamiento”. En 1917, en un libro sobre imprenta, el término también se usó para designar la línea que marcaba el límite de la página, fuera de la cual el texto no se imprime.

Pero fue la jerga periodística, alrededor de 1920, la que hizo del término algo más que una curiosidad histórica. Para tener las noticias más recientes y aun así lograr que el periódico se imprima y distribuya a tiempo, es necesario que los reporteros trabajen con plazos muy estrictos. Pero los reporteros y escritores tienen muchas razones para pasarse de la fecha límite: síndrome de la página en blanco, bloqueo del escritor, perfeccionismo o simplemente la costumbre de dejarlo todo para el final. De esta forma, los editores buscaron los términos más fuertes posibles para contrarrestar estas tentaciones y establecieron los famosos deadlines con la implicación de que “la noticia está muerta si el reportero se pasa del plazo para terminarla”. Después de ese límite, no tiene sentido seguir escribiendo un artículo porque ya no se publicará y, por lo tanto, está muerto.

La época tan acelerada en la que vivimos ha vuelto indispensables esos deadlines no sólo para los reporteros y otros escritores, sino para casi cualquier tipo de actividad. Hay deadlines para terminar un trabajo, solicitar admisión en una universidad, participar en un concurso, pagar impuestos, rescatar rehenes y hasta para comprar un producto al precio de oferta. Sin embargo, aquellos que trabajamos a este ritmo delirante marcado por deadlines tendríamos que relajarnos un poco y aceptar que, a diferencia de los prisioneros de la Guerra Civil que cruzaban esa línea, hasta ahora no han matado a nadie por no cumplir con un deadline.

jueves, 28 de mayo de 2009

La palabra y la lengua


Ya está a la venta el nuevo número de la revista Replicante. En esta edición, dedicada al lenguaje, se incluyen dos textos míos: uno sobre el lenguaje políticamente correcto y otro sobre el efecto de las palabras tabú en el pensamiento. ¡Corran a comprarla antes de que se termine!

Replicante se vende en las tiendas Sanborns, las librerías Gandhi, Fondo de Cultura Económica, Educal Libros y Arte y otros puntos de venta en todo el país. En Tijuana: Librería Sor Juana (www.tijuanalibros.com) y Librerías El Día (Tel. 684 0908). En Guadalajara: puesto de periódicos de Av. Américas y Morelos; Librería México (Plaza del Sol); Cafetería El Sorbo (Plaza del Sol); Librería Ítaca (Marsella y López Cotilla). En Oaxaca: Proveedora Escolar, Av. Independencia no. 1001, Centro.

lunes, 25 de mayo de 2009

Los huracanes y sus nombres

El 15 de mayo empezó oficialmente la temporada de huracanes de 2009 y en días previos se dio a conocer la lista de nombres que tendrán. Andrés, Blanca, Carlos y Dolores son algunos de estos nombres (esperemos que Dolores no le haga honor a su nombre). Desde hace varias décadas, los meteorólogos asignan nombres a los huracanes y tormentas tropicales para facilitar la comunicación y el intercambio de información. El uso de nombres comunes que sean fáciles de recordar reduce la confusión cuando hay dos o más tormentas tropicales al mismo tiempo.

Pero los huracanes no siempre han llevado nombres de personas comunes. Por siglos, los huracanes de la zona del Caribe recibían el nombre del santo patrono del día en que ocurrían. Por ejemplo, el huracán Santa Ana azotó violentamente a Puerto Rico el 26 de julio de 1825 y el huracán San Zenón destruyó la ciudad de Santo Domingo el 3 de septiembre de 1930. El problema fue que muchos huracanes sucedían en la misma fecha de distintos años. Así, por ejemplo, dos huracanes San Felipe azotaron a Puerto Rico, uno en 1876 y otro en 1928. Esto creaba confusión. Por otro lado, no dudo que ocurriera lo mismo que con las enfermedades que recibieron nombres de santos en la Edad Media: seguramente la gente asoció la destrucción provocada por los huracanes con una bola de santos iracundos a los que había que temer más que adorar.

El meteorólogo australiano Clement Lindley Wragge fue el primero en utilizar nombres propios para referirse a los huracanes a finales del siglo xix. Su idea original fue llamarlos con letras del alfabeto griego, pero después usó nombres de personajes de la mitología polinesia. Para los huracanes más destructivos decidió usar nombres de políticos y de mujeres. Sin embargo, después de que Wragge se retiró, la práctica de asignar nombres a los huracanes se interrumpió por medio siglo.


En 1941, la Random House publicó Storm, una novela del escritor estadounidense George R. Stewart. En esa novela, un meteorólogo tiene la costumbre de conferirle a cada nueva tormenta el nombre de una mujer, en parte porque pensaba que cada una tenía una personalidad única. Los meteorólogos de la Armada de los Estados Unidos se inspiraron en esa novela y empezaron a asignar nombres femeninos a las tormentas tropicales del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, en memoria de sus amadas que los esperaban en casa. Cuando terminó la guerra, la práctica se extendió a los huracanes del Atlántico y eventualmente se aplicó a todas las tormentas tropicales alrededor del mundo.

Obviamente las protestas de los grupos feministas no se hicieron esperar, de modo que en
1979 la Organización Meteorológica Mundial y el Servicio Meteorológico de Estados Unidos decidieron incorporar nombres masculinos alternados con los femeninos para denominar a los huracanes.

Actualmente la Organización Meteorológica Mundial maneja varias listas para cada región, que contienen nombres de mujeres y hombres para usarse alternadamente y en orden alfabético. Cada lista tiene un nombre para cada letra del alfabeto (salvo las letras Q, U, X, Y y Z que no se incluyen debido a que no hay muchos nombres con esas letras). En la eventualidad de que se registre un número mayor a 21 huracanes, es decir, de los nombres contemplados para la temporada (como ocurrió en 2005), los nuevos huracanes reciben sus nombres de las letras del alfabeto griego: Alfa, Beta, Gama, Delta, etc. Para los huracanes o tormentas que tienen lugar fuera de temporada, se usan nombres de la lista de ese año. Por ejemplo, si el huracán se forma en diciembre su nombre se toma de la lista de la temporada previa; si en cambio se forma en febrero, el nombre se toma por adelantado de la lista de la siguiente temporada de huracanes.

Las listas se reciclan cada seis años, lo cual significa que los nombres que se usen este año se volverán a usar en 2015. Sin embargo, cuando un huracán causó muertes o mucha destrucción, su nombre se retira de la lista. (Esto ayuda a evitar confusiones, pero me recuerda mucho al fenómeno del tabú lingüístico). Si un nombre se retira, se selecciona otro nombre del mismo género que empiece con la misma letra. Algunos de los nombres de huracanes que se han retirado son: Andrew, Fabián, Gilberto, Hugo, Katrina, Mitch, Rita, Stan y Wilma.

Este año mi nombre aparece en la lista potencial de huracanes para el Pacífico Norte Oriental. ¡Espero que no sea uno de los que haya que "jubilar"!